12 Aspectos
que se deben de tener en cuenta en la relación con el caballo [Mertxe
Pasamontes]
1. A usar tu cerebro “secuencial”
Como
sabemos nuestro cerebro está dividido en dos hemisferios. Aunque ambos
hemisferios funcionan conjuntamente cada uno tiene una cierta especialización.
El hemisferio izquierdo está más especializado en lo que sería el procesamiento
secuencial, es decir, procesar una cosa detrás de la otra. Si estás realizando
un ejercicio sobre un caballo, es imprescindible seguir una secuencia de
instrucciones concreta que debes aprender a ejecutar. Cualquier cambio en esa
secuencia provocará un resultado no deseado
2. Usar tu cerebro “global”
En
este caso, para conseguir que el cerebro funcione como un todo, será el
hemisferio derecho el que se ponga en juego. Si bien hay que empezar haciendo
un aprendizaje secuencial, lo ideal es irlo practicando para que la secuencia
se ejecute como en un bloque, de manera que no haya que ir pensando paso a
paso. Estos dos primeros puntos son comunes a otros deportes, pero en la
equitación debido a que la mitad de la ejecución depende del caballo, la
exigencia es mucho mayor.
3. Usar la visión periférica
Esto
lo podemos aplicar tanto montados como en ejercicios pie a tierra. El caballo
tiene un ángulo de visión, con los ojos situados a ambos lados de la cabeza, de
más de 180 grados. Es imposible interactuar con un animal que tiene esa
amplitud visual si sólo somos capaces de ver lo que tenemos enfrente.
Desarrollar la visión periférica nos ayuda a ser más efectivos en muchas
situaciones de nuestra vida cotidiana ya que estamos viendo el mundo de una
manera más amplia.
4. Respirar
Nuestra
respiración es una de las cosas que le indica al caballo qué es lo que te está
sucediendo y por tanto, qué peligros puede haber en el entorno. Si cuando estás
montando o junto a un caballo, retienes la respiración el caballo interpretará
que hay algún peligro y se pondrá alerta o saldrá corriendo. Por tanto, tienes
que conseguir una respiración equilibrada para transmitir serenidad. Y esa
respiración equilibrada es la que además te puede dar paz y sosiego en el día a
día.
5. Encontrar tu centro
Es
muy importante encontrar nuestro propio centro de equilibrio. Es un concepto
que los occidentales hemos tomado prestado de disciplinas como las artes
marciales y sería ese punto de equilibrio y conexión dentro de tu cuerpo, desde
donde puedes actuar con mayor eficacia sobre tu entorno. Mejor que no pruebes a
galopar sobre un caballo con el centro “descentrado” porque mantenerte sobre él
te será muy complicado.
Aunque
suene contradictorio, el estado ideal de concentración es aquél en el que estás
relajadamente concentrado. Ese es el estado que deberías conseguir tener tanto
para montar como en un ejercicio pie a tierra. Atento a lo que sucede, con
visión periférica y relajado, sin transmitirle tensión al caballo. Y es el
estado ideal para rendir en cualquier actividad que realices.
7. A dar instrucciones precisas
A
los caballos, como a las personas, no les gustan las instrucciones imprecisas y
mucho menos contradictorias. Lo que pasa es que una persona puede callarse,
preguntarte o tratar de entenderte a pesar de todo. Un caballo no va a hacer
eso. Posiblemente va a pasar de tu indicación y hará lo que le dé la gana y en
el mejor de los casos hará lo que le parezca que se aproxima más a lo que le
pides. Así que más vale ser preciso y coherente si quieres obtener algún
resultado. Como en la vida.
8. Conectar con tus verdaderas emociones
El
caballo capta cómo tú te sientes, si estás asustado, si te sientes alegre, si
estás triste…Si no eres consciente de cómo estás, actuará como un espejo y te
lo pondrá delante. Así de simple, pero impactante, sobre todo cuando transcurre
en una sesión de Coaching asistido por caballos.
9. Reconocer lo que transmites corporalmente
Al
ser un animal de huida, que puede ser cazado, el caballo ha de tener
desarrollado un instinto totalmente calibrado para saber qué peligros le
acechan. Y eso lo hace obviamente, atendiendo al lenguaje corporal, porque las
palabras en sí mismas no las entiende. Así que si le estás diciendo “caballo
bonito” pero tu actitud corporal es amenazante, se pondrá a la defensiva,
saldrá corriendo o en el peor de los casos te soltará un manotazo o patada. Y
te enseñará cómo tu lenguaje corporal te delata aunque ni tú mismo lo sepas.
10. Sentirte más libre
En
esta ocasión se trata del efecto que se produce al estar en conexión con un
animal puramente instintivo, que se deja domar y conecta contigo
emocionalmente, pero que en el fondo, sigue siendo libre. Has de estar ahí para
sentirlo. O galopar por un bosque, dejándole fluir en su elemento para conectar
con esa libertad de estar en el estado natural.
11. Saber poner límites
Como
te he dicho antes, el caballo, por mucha doma que tenga, sigue siendo libre. Si
no sabes cómo ponerle límites, con cariño pero con claridad, hará lo que él
quiera y te llevará por dónde le parezca. Tú has de ser el líder, un líder que
le haga sentirse seguro de que en ti se puede confiar.
12. Ser más congruente
Cuanto
más congruente seas, cuanto más tu mente, tu cuerpo y tu intención comuniquen
lo mismo, mejor será tu relación con este bello animal. Tanto si lo montas y
consigues el añorado binomio de todos cuanto montan, como si estás pie a tierra
en la pista. El caballo no soporta las incongruencias, pues él no las tiene. No
es hipócrita pues no está en su naturaleza. Así que puede ser un gran maestro
para que aprendas a conectar con tu propia congruencia y la dejes salir fuera.
La relación con los caballos, sea montando o en sesiones
de coaching o terapia, o en actividades grupales es realmente impactante.
Relacionarse con el “noble equino” puede activar resortes en ti que no
conocías. Y puede hacerte cambiar en muchos aspectos de manera muy positiva.
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